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domingo, 29 de diciembre de 2013

La promesa de Kamil Modrácek

Jirí Kratochvil
Impedimenta, Madrid, 2013, Págs. 308. TO: Slib. Trad. Elena Buixderas

Jiří Kratochvil (Brno, República Checa, 1940) nos presenta una novela de calidad, en la que es difícil entrar y hacerse cargo de la línea del relato, pero que poco a poco va cobrando interés y una vez que se descubre su mecánica narrativa cautiva al lector y se descubre una novela culta, profunda y llena de un peculiar irónico humor dentro de la situación dramática que relata.

La acción transcurre en Brno, la ciudad natal del autor, que conoce bien, y en los años cincuenta del siglo XX, bajo el régimen estalinista. En una primera parte se van mostrando los actores desde diversos ángulos. El fundamental y casi predominante, es Kamil Modrácek, arquitecto que con la situación del régimen se ha visto obligado a aceptar un empleo público y diseñar edificios de mal gusto pero que son los que desean los comunistas en el poder. Durante la ocupación nazi construyó una célebre casa en forma de cruz gamada para el jefe de la Gestapo; esto le sirvió para sacar a su hermana de la cárcel acusada de ser antinazi. Al acabar la guerra y ser dominados por los estalinistas esta misma hermana es sospechosa de ser anticomunista. Kamil tiene que pasar por unos absurdos e interminables interrogatorios periódicos con el teniente de la policía secreta Laska, que es el prototipo de guardianes del régimen. Toda la novela va a girar en torno a los tres, y el resto de los personajes, que tampoco son abundantes, permanecen en un segundo plano.

Su hermana, pintora cotizada, con la que está estrechamente unido, es acusada de colaborar con enemigos del régimen y de que sus obras pictóricas son alusivas e insultantes al Estado, y un buen día desaparece. Kamil tiene que enfrentarse a una maquinaria burocrática absurda para intentar descubrir donde la tienen y cuál es la acusación, pero cuando le parece que ya lo ha conseguido, le comunican que ha aparecido muerta en su celda, supuestamente es un suicidio, y ni siquiera le dejan ver el cadáver, solo se lo entregan para que la entierre.

No tiene ninguna duda de que es obra de Laska y organiza la venganza. Aquí comienza una parte que enriquece la originalidad general de la novela con la irrupción de Nabokov, amigo de su padre y del que tiene un escrito, del que va a sacar el modo de vengarse. Mejor no decir nada de esta parte y dejarla para la lectura, porque en ella el lector va a descubrir una segunda novela.

Un excelente relato, culto y no siempre asequible. La descripción, aparentemente periférica, del ambiente social del estalinismo y de su modo opresivo de tratar al indefenso ciudadano está magistralmente pintada. No es fácil incluirla en ningún género: no es una novela social, ni policiaca, ni de denuncia…. Es peculiar.


Jiri Kratochvil destaca de entre los autores que irrumpieron en el panorama literario checo posterior a 1989, la llamada «era post-Kundera». Es conocido por su trilogía formada por «La novela del oso» (1990), «En mitad de la noche un canto» (1992) y «Avion» (1995). Ha recibido diversos premios literarios: Tom Stoppard (1991), Karel Kapek (PEN Club, 1998) y Jaroslav Seifert (1999), entre otros.

sábado, 4 de mayo de 2013

Bajo una estrella cruel


Heda Margolius Kovály
Una vida en Praga (1941-1968)
Libros del Asteroide, Barcelona 2013, TO: Under a Cruel Star. A Life in Prague 1941-1968. Trad. Luis Álvarez Mayo.

Memorias de Heda Bloch (Praga 1919-2010), escritas en 1973 y que comprenden un período de 27 años en los que sufre primero el terror nazi y luego el terror estalinista, en su ciudad de Praga la mayor parte del tiempo y además, soportando una terrible enfermedad.
De origen judío y de familia culta y acomodada, en la gran deportación judía de Praga de 1941 es llevada al gueto de Lodz, en Polonia y separada de su familia, a la que ya nunca más volverá a ver. Como ya estamos muy acostumbrados a relatos sobre el holocausto, estas primeras páginas pueden afectarnos menos, aunque están escritas con mucha fuerza y rebelan algunos datos menos conocidos, como la ignorancia de algunos de los que empleaban mano de obra de los campos, sin saber que es lo que estaba pasando realmente allí. Son páginas sobrias, escritas sin odio, pero muy realistas.
Logra escapar con otras amigas checas y llegar a Praga. Se abre ahora un relato intermedio, pero muy valioso, porque se describe con precisión la vuelta a una ciudad y a unas antiguas amistades, que le cierran todas las puertas por el miedo a los invasores nazis: “ahora buscaba un ser humano cuya humanidad fuera mayor que su miedo” y es que en estas situaciones tremendas sale lo mejor y también lo peor de cada uno: miedos, mentiras, promesas incumplidas, etc.
Se acaba la guerra, hay un golpe de estado en 1948 y llegamos al estalinismo. Esta es la parte más tremenda de la novela y la que ocupa una mayor parte. Heda se casa con Rudolf Margolius, que también es judío y ha estado en los campos, y con él tendrá un hijo, Iván que acabará siendo lo único que le quede en la vida.
Margolius es un idealista, que ve en el comunismo el remedio de todos los males y la forma de vivir
en libertad y prosperidad, Heda es más escéptica, pero acaba también afiliándose al partido. En 1952 ocupó el cargo de Secretario de Estado de Comercio Exterior, pero cayó en una de las primeras purgas, acusado de alta traición y ajusticiado. Heda e Iván sufrieron todo tipo de vejaciones injustas. En esta parte, la autora aprovecha para relatar los hechos, pero también para explayarse en consideraciones sobre el comunismo, la condición humana, los mismos checos, y es excelente. Narrada con claridad va pasando revista a los extremos a los qué puede llegar la condición humana, degradada, ignorada, en aras de un partido que es absoluto, omnipotente y que aplasta todo atisbo de libertad, de autonomía, de desviación. Las personas que viven en esas condiciones acaban de olvidar qué es la verdad, viven aterrorizadas y no son capaces de crecer en ninguna dirección.
Heda se casó con Pavel Kovály, y en 1963 obtuvo la rehabilitación de su marido. Acaban las memorias con la Primavera de Praga de 1968.
Al margen del horror de la narración se puede leer un canto de amor a Chequia, sus gentes y sus paisajes.
Aunque es estremecedora, está escrita con tanta delicadeza, pero sin huir del realismo, que se lee con mucho gusto y ayuda a esclarecer esta parte de la historia moderna europea que quizá ha quedado oscurecida por la locura nazi, pero que es tan tremenda como aquella.