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viernes, 4 de agosto de 2017

Recordarán tu nombre

Lorenzo Silva
Destino, Ancora y Delfín, Barcelona 2017. Págs. 494 incluídos créditos y bibliografía.


No es la primera vez que Lorenzo Silva (Madrid 1966) explora la guerra civil española y el relato histórico. En esta ocasión se centra en un general de la Guardia civil, José Aranguren, con el que siente emotivamente muy unido a través de sus dos abuelos y la admiración y simpatía que tiene por la Guardia civil.

Pretende ser objetivo, pero basta repasar la bibliografía consultada y la manera de tratar y juzgar a los personajes de uno y otro bando para comprobar que el tratamiento es muy desigual y no puede ocultar su querencia por el bando republicano. Bastaría que citara algunos textos del ignorado por unos y otros, Chaves Nogales, al que recurre en varios momentos, para que la balanza no se inclinara de forma tan desigual. El mismo, al presentar el libro en varias ciudades ha explicado que ha construido la novela a partir de documentos y evidencias históricas facilitadas en su mayor medida por los familiares del general. No se puede hacer un relato de este tipo sin acudir solo a un tipo de fuentes, ignorando las del bando contrario.

Dada la importancia que tuvieron los acontecimientos de la guerra de Marruecos en la que los principales personajes estuvieron presentes, dedica una buena parte del libro a las batallas que allí se desarrollaron y como intervinieron cada uno de los que luego van a aparecer en la España en guerra. Es una parte muy extensa y escrita de un modo ameno, aunque al recurrir a transcribir directamente alguna fuente se puede hacer un poco pesada y el lector puede quedar abrumado por la relativa consistencia que tiene para el estudio biográfico del personaje.

Otro tanto de los mismo ocurre para describir la situación de España durante la Republica y de los diversos gobiernos que se fueron sucediendo y la larga lista de políticos y ministros que en tan poco tiempo fueron efímeros protagonistas.

La parte fundamental, pero no la más extensa, se desarrolla en los días del 18 y 19 de julio y siguientes, de 1936 en Barcelona donde en ese momento estaba destinado Aranguren y, mas tarde, en Valencia. En general, aunque cita los detalles de varios de los momentos más trágicos de esos días y no descuida dar noticias de otros lugares de España, se centra sobre todo en Barcelona.

Para Silva hay unos acontecimientos que no son opinables: Aranguren y los militares republicanos fueron los auténticos héroes ya que fueron los que obedecieron a los que tenían el poder, prescindiendo del modo en que gobernaban, mientras que los del bando contrario eran unos sediciosos y traidores por no seguir a los gobernantes. Para él, al frente de los amotinados, acabo estando un militar mediocre, Franco, que accedió al mando después de muchos titubeos y cuando vio que la situación era segura para él. Militarmente le juzga con una dureza extrema, considera que sus maniobras fueron nefastas y que Franco y los suyos, solo ganaron la guerra por la ayuda definitiva y absoluta de los fascistas italianos y alemanes. Entre otras cosas, ignora las ayudas que los republicanos tuvieron de otras potencias mundiales y avanza la hipótesis que da como cierta que si la guerra europea se hubiera adelantado no habrían ganado la guerra los sediciosos.

La apología de la Guardia Civil es absoluta y lo mismo de los Generales Aranguren y Escobar, reconociendo todas sus virtudes que, de ningún modo hay que negarles, aunque con Escobar, dada su fe católica profunda, es menos claro, dejándose llevar por su escepticismo religioso. Con el enemigo no se permite el más mínimo elogio y sobre todo con el General Franco al que trata con una dureza radical: es capaz de justificar los actos de vandalismo y venganza absoluta de otros como los anarquistas, pero nunca con los que se han levantado en armas.

El proceso de Aranguren lo presenta como un acto de injusticia total, coronándolo con el comportamiento inhumano, cruel y sádico de Franco al no concederle el indulto.


Silva quiso hacer una novela, pero no lo ha conseguido, es un libro histórico, aunque no escrito por un historiador imparcial y objetivo y por tanto, se lee con recelo al señalar al lector desde un primer momento y con tanta fuerza, quienes son los buenos y los malos. 

viernes, 23 de octubre de 2015

Camina la noche


Álvaro Silva
Acantilado, Barcelona 2015. Págs. 424


Álvaro Silva (Vitoria 1949) es conocido por ser un gran especialista en Tomas Moro y por su dedicación al humanismo, pero ahora se presenta como novelista con Camina la noche y para ser la primera incursión en el género no deja de sorprender. Aunque vive en Boston desde 1980 no ha perdido sus raíces hispanas y prueba de ello es el culto castellano que utiliza y el mismo tema de la novela.

Tiene tres partes, dos de ellas, la primera y la última transcurren en 1962 y son la misma acción, la intermedia, la más extensa, se desarrolla en 1936 en el mes de julio y en el momento en que se inicia la guerra civil española. Todo el decorado es madrileño.

La historia tiene una cierta intriga y es ingeniosa, pero no se pretende que el lector descubra nada. Isabel Ramos, hija única de María, no ha conocido a su padre y su madre lo único que le puede contar es que en los momentos del inicio de la guerra poco después de casarse y de haberse trasladado de un pueblo de Burgos a Madrid con poquísimo dinero, una mañana salió de casa y ya nunca volvió a saber de él. Isabel, que siempre vive con el deseo de saber qué ha pasado con su padre, un día recibe una extraña llamada telefónica preguntando por él. Silva, entonces, retrocede en el tiempo, hasta 1936, comenzando la segunda parte.

El relato de 1936 es el núcleo fuerte de la novela. Es la sorprendente historia de Cristóbal Ramos, el padre desaparecido; de Sabino Gómez Duval, un sacerdote y de Julio Espino un comisario de policía recién trasladado de una comisaría madrileña al ministerio del interior para iniciar con otros un nuevo servicio de inteligencia.


No puedo detallar los hechos para no desvelar la agudísima trama de la novela, que la hacen muy singular, basten algunos detalles. Cristóbal es poseedor de una historia de amor conmovedora y de una fe sencilla y de una gran fortaleza. El comisario Espino es un hombre bueno, pero su afán por hacer bien las cosas y por progresar en su profesión no le permiten ver los hechos con claridad y aunque tiene el consejo e intuición de su mujer que siempre le ha aconsejado correctamente, en esta ocasión le faltan agallas para tomar las decisiones adecuadas. El sacerdote también quiere hacer las cosas bien y tomar las decisiones correctas y posiblemente las toma, aunque de un modo involuntario actúa de un modo terrible sobre la vida de Cristóbal.

Esta segunda parte es gloriosa, con unas descripciones de los horrores de aquellos momentos ponderados pero justos y escalofriantes. Pero sobre todo es un estudio de la interioridad humana, finísimo y profundo. El autor sabe penetrar tanto en el interior de Cristóbal, como en el del sacerdote o en del policía, e igualmente en la interioridad femenina tan sutil como variada y desconcertante para el hombre, manifestando un conocimiento de la persona que no es común en la narrativa actual. Sólo por esto la novela merecería la pena. Pero además los cuadros de acontecimientos y de lugares son vivos, coloristas, sabiendo pararse en detalles que a otros se pueden pasar inadvertidos.

La tercera parte es el encuentro de todos los personajes, y la solución común. Breve como la primera, pero es redonda y se vuelve a penetrar en el interior del corazón de las personas incidiendo en el tema del arrepentimiento y el perdón, del que el autor vuelve a dar muestras de un fina intuición y conocimiento y de una buena carga antropológica.

Dejo para el final hablar del lenguaje. Es rico, purista, preciso, quizá un poco denso y prolijo en ocasiones, con párrafos largos y minuciosas descripciones.

Puede cansar a algunos lectores, pero es un ejemplo de una buena literatura siguiendo los cánones de un castellano puro y de cómo el clasicismo bien empleado arropa formalmente a una novela inteligente.


Creo que hacía mucho tiempo que no leía una novela tan cuidada, tan exquisita, aunque conociendo al autor era lógico que si derivaba por estos derroteros el resultado no podría ser otro.